Nazareno.

Arrastra los pies y se encorva

como un Nazareno.

Amoratado y con culpa, arrastra

innecesarias heridas,

como un Nazareno.

Lleva baja la frente y se pierde

los alrededores verdes,

las flores y las campiñas,

por ser Nazareno.

A pesar de su postura no ha podido

evitar el bronce de su nuca,

lleva arena en las pestañas

y sal en sus dedos.

La vida sigue soplándote,

mi Nazareno.

Posibilidad

No me hagas creer,
no te lo consiento,
que esto es todo lo que hay,
que no existen más vinos.
sabiéndome como me sé,
matizada de paladar
y hambrienta de frutas.

Cambios las onomatopeyas
de mis alucinaciones
por la cadencia
de mis presunciones
y el brillo de mis zapatos
por todo este barro
que me pervierte.

Y hago la luz,
enciendo mi faro
y distingo siluetas
hechas a mi porte.
Y te cuestiono,
aprendo papiroflexia
e intento ser fiel
a lo que me cuento.



La boca de la veritá.



Génesis.

La incomprensión es una palabra grande y no lo es por bella, ni por justa ni por virtuosa; lo es por protagonista.

Se discrepa. Hay desavenencias, desacuerdos, desamor desde el principio.

En el principio creé el mundo y lo vi bello
Y, según lo hice mío, se trastocó amorfo
Y no estuve de acuerdo.
Y observé a los seres vivos y algunos eran irracionales
Y otros, que yo doté de raciocinio, resultaro...n ser salvajes.
Y no estuve de acuerdo.
Y se agregaron y formaron familias y, en ocasiones,
Fueron Saturno devorando a sus hijos
Y no estuve de acuerdo.
A la noche, danzaban y se cortejaban;
Los machos a las hembras y
Las hembras a los machos...
Y se unieron por pares
Y se mezclaron con sudor y con sangre
Y se reprodujeron.
Y se fueron regalando la indiferencia,
La mentira, las malas palabras y,
Ahora, a la noche, el cruento abandono.
Y no estuve de acuerdo.
Y los hombres decidieron organizarse
Y formaron sociedades
Y los hábiles en el arte de la retórica,
Engañaron a los honrados iletrados
Y, con su repugnante poder,
Más tarde, a los honrados de letras.
Y rompieron reglas
Y se hicieron fuertes
Y crearon religiones
E hicieron la guerra.
Y no estuve de acuerdo.
Llegó la enfermedad a la casa de los justos
Y engulló sus pieles y masticó con saña
Sus vísceras.
Y se negoció con sus curas y
Se mercadeó con sus causas.
Y no estuve de acuerdo.
Y se hizo la oscuridad

 Y el error fue ley.
Y nos pusimos de acuerdo.
 
 

Insaciable él

El deseo no tiene más opción que la muerte:

Ahogado en la garganta,

enquistado como posibilidad

O sucumbido en la piel

como placer insuficiente.



Y eso todas las veces.

Y a pesar de ello,

brota otra vez.


No existe más hábil superviviente

Ni más efímera vida a la vez.


Desear es sólo pronunciar lo que no se tiene;

Hacerlo palabra, ya es sentirlo fenecer.


Deseo con todas mi fuerzas sea lluvia la tarde,

Más si mojan sus gotas,

Codicio seca mi piel.


¿Qué es el hombre?

Motor de deseo

¿Sus motivos?

Insaciable él.

 

 

 


Con verdad en mis talones, camino

y el viento regresa a ser conmigo

feligrés cómplice y travieso

de comienzos que llegarán

y que intuyo.

(Gérmenes encima de mis pestañas)

La eventualidad no es más

que ese dulzón mejunje

de mis quimeras dispuestas

en fila de a dos cada viernes.

Se hace grande la aventura,

mientras ésta, que soy yo,

está durmiendo

y, al despertar,

a la mañana,

se hacen verdad dura y prieta.

Todas mis cosas tuyas.

Ésta que es mi mano

y es tuya,

estos ojos que miran

y te ven.

Estos labios que no son

más que tus besos,

este tacto que sólo

entiende tu piel.

Bajado el gesto,

me exceden los motivos

y sin respuestas

comienzo a comprender

porqué de nuevo es mío

todo esto que era tuyo

¿Por qué entre mis manos

aquello que te legué?

 

(texto de Isis o la agnóstica Sofía)

La divinidad femenina: la diosa.

La soberanía, la guerra y la caza forman parte de sus competencias. Es autónoma, sexual y fuerte.

Su esencia radica en que lo incluye todo: en su interior contiene la totalidad de los opuetos, incluidos lo masculino y lo femenino.

"Trueno: la mente perfecta"

Porque soy la primera y la última.
Soy la honrada y la desdeñada.
... Soy la ramera y la sagrada.
Soy la esposa y la virgen.
Soy la madre y la hija.
Soy las extremidades de mi madre.
Soy la estéril y muchos son mis hijos.
Soy aquella cuya boda es grandiosa,
pero no he tomado marido.
Soy la comadrona y la que no da a luz.
Soy el solaz de los dolores del parto.
Soy la novia y el novio
y mi marido me engendró.
Soy la madre de mi padre y la hermana
de mi marido,
que es mi vástago...
Hacedme caso.
Soy la deshonrada y la grandiosa.

(texto de Isis o la agnóstica Sofía) Documentos de Hag Hammadi.

Juicio

Yo, culpable.

Yo asumo.

Yo, errada.

Y, desde ahora, yo errante.

¿Cuáles son las reglas de tu propio juicio, siendo tú juez?

 

Era un vigilante de pulso y de respiración

Y, de este modo, hice del bosque un lugar irrespirable.

De mis llagas saqué la sangre con la que alimenté el pesar

Y ahora hay que curar dos veces

(La herida sobre la herida)

Y a dos; un mártir y un sacrificado.


La ignorancia no exime la culpa, gritan.

No escucho; desde hoy, en mi huerto, sí.

Porque mi huerto es mío

Y mías sus leyes y míos sus indultados.

Soy desierto, polvo, la maleza y el caos,

Pero en el regazo guardo agua de lluvia

Y cultivo un huerto e invento y leo hoy sus leyes

Porque nadie va a absolverme,

Siendo yo el juez y el acusado.

 

 

Me bajo de la cama y, a pesar del calor de esta mañana cargante que te licua el cerebro y deja las vísceras agujereadas como un gruyere, tengo las manos heladas; me coloco y enumero mis dedos (y están todos); miro mis piernas y las compruebo (y funcionan, me sujetan); busco mis ojos con mis ojos ante el espejo (luego, veo); me susurro y me pregunto “¿dónde estás” y pronuncio y me escucho (tampoco he perdido ni la voz ni el oído).

Me atrevo a asegurar que estoy completa.

Lo enuncio: “Estoy completa”

Pero, al caminar, el vacío de mi vientre se ha hecho aún más grande. La sensación es de un abismo inmenso, de una oquedad desoladora entre mis hombros y mis muslos.

La ciudad que rodea al corazón está en ruinas.

Deseo

Tocar el hielo con la lengua, tentar el hielo.
Qué obcecación barata de caminar inquieto,
Qué innecesaria necesidad,
Qué diminuto imperio.
Si saber que serán aún más grandes
Las ganas que el frío en el labio grana
Porque, según se aproxime al ansiado objeto,
Lo hará desparecer con el propio aliento.
Has de ser trovador de tardes y sabrás acariciar rincones,
llenándolos de luz
y de música.


Serás verdad cada vez que apoyes tus talones sobre el suelo.
Transparente para mí.
Yo para ti.


Sabrás contar historias como si hubieras nacido para ello,
con sus puntos y comas,
con sus silencios.


Volarás sobre la ilusión, no caerás en el tedio,
pero tu ansia de ver
descansará en mi cuello.

Pijama de paja

Tocan la hora porque todo llega,
Lo que consta escrito no es más que ley y
Mi pataleo, pura anécdota.
Tras caer rendida anoche, a solas conmigo,
Siendo el cansancio bruma sobre mi frente,
Cerré los ojos con plomo sobre mis párpados.
Constando yo, entera yo; conviviéndome y
Con mis dudas martilleando mis sienes,
Con el fracaso perfumándome el cuello,
Con mi derrota embozando la aparentada sonrisa.
...

Y, circunstancialmente, ha amanecido
Y mis ojos, que se cerraron por siempre con avaricia,
Han vuelto a abrirse.
Irónicamente tenía un hambre voraz
Que era más rigurosa que mi pijama de paja.
Y mi hambre y yo, sobreviviéndonos,
Hemos prendido fuego al pijama.
Nos hemos lavado la cara doliente
Y hemos maquillado los rasgos,
Cambiando realidad por simiente.
Desayunándonos había luz sin pedirla

Y ahí fuera todos seguían trenzando su fábula
Y aquí dentro, servidora hace lo propio
Y se calza medias de continuidad
Y jirones de naúfraga más que viva.
Y sin apetito y sin sangre
Me he lanzado a la marea, porque eso
Es lo que se espera de mí y
Porque, al final, no somos nada más

 Que peces.

¿Por qué?

Los porqués están sobrevalorados

Porque son difusos,

Porque apenas casi rozan el motivo.

Porque su natural no es la pureza

Porque se mancillan y retozan con tanta cosa…

Dar un porqué es encorsetar verdades

Es meter en un bote un insecto alado,

Es cuadrar con sudor un perfecto círculo.

Es justificarse por no quedar callado

Es cortarle lo pies al sujeto activo.



 

Las personas dichosas tienen un defecto del cual no se corregirán nunca: creen que los desgraciados lo son por culpa de ellos mismos.”
Beauchène



Está recientemente nacido

y huele a pan,

No está instruido en sonrisas,

más las regala.

En medio de mi misa,

me deja sin habla.

Aúpa frágil la mano y

toca mi frente.

Es recién brotado y me arrulla,

Y quepo entera en su brazos.

Liba mi herida y me hace

Infanta, malcriada y perita

En no creer en pretextos

Y en la simpleza del gesto.

El horror vacui no existe, son los míseros sacerdotes

Abro mi mano y extraigo ciento cinco cosas.

La cierro y, si comulgo, al volverla a abrir está desierta.

 

No hay.

Guardo la ceremonia del desprecio,

Allá en aquella luz de esa alborada ventilada.

Y la prendo, a ratos sí a ratos no,

Sobre la esquina opuesta a mi cara,

Allí en ese lado de la almohada.

A veces los males son boletos

De ida sin vuelta a otros lugares,

Plazas donde uno se instruye en el arte

De hacerse su propio pan

Y en el ejercicio de escuchar

E interpretar la verdad de los sigilos

Y a sentirse alegremente acompañado

De esa dama desdentada y sombría

Que se llama soledad y está a tu lado.

De tus nones extraje, apenas sin sudor,

El germen de mis posibilidades,

Del mismo modo en que un día

Fuiste motor de mis bloqueos.

Se escapa tanto el misterio

De aquello, de lo perdido, de lo apreciado,

Que es un sinsentido tener miedo

De peces que se escurren entre los dedos

O de quedarnos callados

porque no hay mandato ni argumento

Ni en la lluvia ni en los claros.

Y no resolverás qué día

tus hombros estén mojados,

Ni mucho menos el tiempo

Que vive lo que has amado.



Pintura: Fernando Beorlegui Beguiristain.



Cosas mías.

No me abrumes con tu lloriqueo, le digo.

Vuelve al dobladillo de mi falda.

Nadie lo entendería,

Nadie vería que realmente eres grande

Porque se te ve tan flaco…

Tú eres mi secreto (y verdad) y yo me ocupo

De ponerte con alfilerillos al borde de mi enagua.

No reniego de ti, eres mi esencia.

Pero imagínate, si yo no te descifro,

Que pueden hacer ellos, pobres.

Desconocen tus pucheros porque giro los labios

Y tus letanías porque son a la noche

Y tus desapegos porque

No tienen noticias de mi condición de exiliada.

Pero quiero que sepas, cosa mía,

Que nadie, en realidad, me ofrece lo que tú eres.

Ni me angustia con esa rabia tuya/mía.

Quiero que sepas, ojera de mis ojos,

Que ellos no lo entenderían.

 

Hoy en la fuente había una fiesta.

Hoy en la fuente había una fiesta,

Saltaba rabisalsera la agüita.

Había sol, había niños; movimiento y alegría.



Yo sentaba, bajo la incolora

Sombra de la higuera mía,

Participaba sin ser parte de la algarabía.


No había risa en mis entrañas

Ni luz sobre mis rodillas,

Pero andaba yo caliente y contagiada sonreía.


Hoy en la fuente había una fiesta,

Que no era la fiesta mía.

Pero fui parte de ella y, ella, fue parte mía.

 

Pero disfrazada de peces

A ti, que te soy barro.

Para quien no soy más que el polvo mezclado en trágico accidente con el agua.

Sólo una máscara, forjada en carencias con demasiado apego a la farsa, carente del banquete del que todos disfrutan; privada de la sal.

Sin sal.

Niña muerta que coge tu mano con intención de robarte el calor. Niña parásito.

Asueto de la muerte, pero disfrazada de peces.

Boca que come, pero no ofrece. Manos que piden pero no dieron.

No habrá solicitudes al tránsito de esa niña muerta en mí.

Soy los ojos que me miran. Soy espejo.


Me siento en el bordillo a esperar otro tren. De esos que cruzan la luz, incluso en las sombras, y para quien sea
me doy-: rayo que por milagro es el albor de los días.

Lavado mi rostro, aunque guarde carencias, con inclinación a la vida, agradeciendo mi almuerzo que nunca me falta; sazonada a intervalos (y no por ello me quejo).

Con vida.

Niña, sin más. Que necesitaba esa mano con intención de compartir el calor. Niña perdida.

Feria de ser, que calza catalepsias.

Labios que sonríen. Manos que están.


Equipaje.

Cuando llega la hora,

Como si colocara mis alas,

Se acabó la algarabía,

Me calzo el silencio.

Y enmudezco.

Aprisiono recuerdos

Y abandono, una vez más,

Las quejas,

El suspiro,

La llaga.

Y arremeto

Soy motor.


Para el movimiento,

Todo equipaje es ruido.

Y pesa.

No guardo el ayer

Ni aquella noche.

Motor.


Mañana, a mi sol,

Entonces,

Tragada la saliva,

Le peinaré el flequillo.