(¿Y qué pasará cuando yo me muera? ¿Tampoco habrá de importarte? Una vez tosías raro y pensé cosas.)
Hoy me ha impactado una muerte. Mucho. Aunque la muerte siempre consterna, ésta me ha envuelto con su aliento fétido y me sugiere que corra a decir cuánto quiero a los que quiero.
Hoy tengo fiebre. Y todo es onírico, de un aspecto metálico y hay un silencio como de resaca, como de ciudad bombardeada ayer. Y se magnifica la muerte.
La muerte es un misterio. Un completo misterio.
¿Te dije que te quería las suficientes veces? ¿Lo repetí lo bastante? ¿Qué me dices?
Te quiero.
Sábelo antes de que me muera.
"Me volví otro. Traté de releer los clásicos que me
orientaron en la adolescencia, y no pude con ellos. Me sumergí en las letras
románticas que repudié cuando mi madre quiso imponérmelas con mano dura, y por
ellas tomé conciencia de que la fuerza invencible que ha impulsado al mundo no
son los amores felices sino los contrariados. Cuando mis gustos en música
hicieron crisis me descubrí atrasado y viejo, y abrí mi corazón a las delicias
del azar.
Me pregunto cómo pude sucumbir en este vértigo perpetuo
que yo mismo provocaba y temía. Flotaba entre nubes erráticas y hablaba conmigo
mismo ante el espejo con la vana ilusión de averiguar quién soy. Era tal mi
desvarío, que en una manifestación estudiantil con piedras y botellas, tuve que
sacar fuerzas de flaqueza para
no ponerme al frente con un letrero que consagrara mi verdad:
Estoy loco de amor…”
(Memoria de mis putas tristes. Gabriel García Márquez)
Estoy en un claro proceso de transmutación
Me vuelo como las hojas de un parque
Voy ligera, obvio el ruido
Intuyo como respiran los muebles
Sé lo que provoco a mi espalda
Y sé lo que aquello que apenas vislumbro
Me provoca.
Muto
¿Pero hacia dónde?
Las escaleras resultan caminos
Todo esto forma parte de un plan
Me dejo hacer
Me libero de ese miedo de antes.
Varío
¿Pero cómo?
Roto como rota la tierra
Y me embadurno de todo
Consiento la mácula sin apenas una queja.
Dejo de pensar y salgo al frío
Y lo contemplo
Y lo entiendo.
Me abrigo con su violencia porque sé
Que llega.
¿Pero qué llega?
Mis manos ágiles no hacen preguntas
Crean
Arden
Hablan en gestos, livianas
Y yo simplemente
Contemplo consternada tanta
Elocuencia.
Estoy expectante, me temo que llego
¿Pero quién llega?
Deconstruir las ruinas
Algún día al abrir una puerta escucharás mi risa
Y querrás mudarte de casa.
O, tal vez yo, una noche
Cuando me vaya a dormir pueda oírte
Respirar
Y, entonces, me vuelva una insomne crónica.
Un verano desenterrarás mi caja de lamentos
Y te llegará mi brisa más que la brisa
Del mar que tienes enfrente.
Y esa misma tarde yo,
Mientras ordeno papeles
Tal vez
Encuentre tus faltas de ortografía
Y no pueda
Volver a firmar un poema.
En mi bolso pesa mucho
Una canción en arameo.
Es tuya
Y no deja de ser mía.
Y en tu frente hay un jardín
Seco y marchito
De mis verdes y no eres
capaz de
Sacarlo de ninguna de tus ventanas.
Porque hubo una vez que
Tú y yo
tuvimos un huerto
Y conseguimos
Que nunca más diera frutos.
Y así
Firmamos un contrato de por muerte
Que habita todas las esquinas.
Lo que tú digas :)
Eres letalmente bonita, palabra.
Cualquiera que seas si los ojos cierro
Y trazas en mis labios ese semicírculo
De herradura de plata que mira hacia el cielo.
"Escribir pese a todo, pese a la desesperación" Marguerite Duras.
"Escribir es la manera más profunda de leer la vida" Francisco Umbral.
"Las palabras constituyen la droga más potente que ha inventado la humanidad" Rudyard Kipling.
("Si un escritor se enamora de ti, nunca morirás")
Ella siempre quiso ir a Berlín. Una vez hubo conocido la ciudad, empezó a fantasear con alguna coordenada imposible para poder ser feliz por ser incompleta, del mismo modo que nunca se compró una boina verde botella porque era el color ideal para una boina y, por tanto, no debía existir entre sus manos, si quería seguir siendo la dueña de ese fútil ensueño.
Siempre quiso concebir hijos, numerosos hijos que fueran su orgullo y llenaran su vida de ruido; su vida tan acostumbrada al silencio. Pero su vientre nació seco como el barro, incapaz de hacer brotar ninguna vida. Al principio le echó la culpa a sus amantes; más tarde, a alguna clase de divinidad enfadada: de pequeña se había tocado con su primo, primero curioseando, después, varias veces y sin arrepentimiento. La culpa sólo emergía tras los espasmos del clímax para olvidarla después y repetir tantas veces como la naturaleza se lo permitió, hasta que la pubertad resultó descarada y el pudor puso punto y final a esa práctica.
Colmó su instinto maternal creando historias: parió piratas de mares innombrables, niños recién escapados del reformatorio, poetas ahogados en alcohol, chamanes de tribus de África.
Escribió para dar luz, para alumbrar la vida.
Solía repetir que cada uno tiene un motivo para hacer las cosas que hace. Decía que hay cosas que se hacen por inercia, otras porque te las han enseñado, cosas que se llevan a cabo porque deseas matarte y algunas porque amas. Ella amaba sin duda al hijo no nacido, a la niña no parida, a la quimera de sus pechos rebosantes de leche.
"Escribir es la manera más profunda de leer la vida" Francisco Umbral.
"Las palabras constituyen la droga más potente que ha inventado la humanidad" Rudyard Kipling.
("Si un escritor se enamora de ti, nunca morirás")
Ella siempre quiso ir a Berlín. Una vez hubo conocido la ciudad, empezó a fantasear con alguna coordenada imposible para poder ser feliz por ser incompleta, del mismo modo que nunca se compró una boina verde botella porque era el color ideal para una boina y, por tanto, no debía existir entre sus manos, si quería seguir siendo la dueña de ese fútil ensueño.
Siempre quiso concebir hijos, numerosos hijos que fueran su orgullo y llenaran su vida de ruido; su vida tan acostumbrada al silencio. Pero su vientre nació seco como el barro, incapaz de hacer brotar ninguna vida. Al principio le echó la culpa a sus amantes; más tarde, a alguna clase de divinidad enfadada: de pequeña se había tocado con su primo, primero curioseando, después, varias veces y sin arrepentimiento. La culpa sólo emergía tras los espasmos del clímax para olvidarla después y repetir tantas veces como la naturaleza se lo permitió, hasta que la pubertad resultó descarada y el pudor puso punto y final a esa práctica.
Colmó su instinto maternal creando historias: parió piratas de mares innombrables, niños recién escapados del reformatorio, poetas ahogados en alcohol, chamanes de tribus de África.
Escribió para dar luz, para alumbrar la vida.
Solía repetir que cada uno tiene un motivo para hacer las cosas que hace. Decía que hay cosas que se hacen por inercia, otras porque te las han enseñado, cosas que se llevan a cabo porque deseas matarte y algunas porque amas. Ella amaba sin duda al hijo no nacido, a la niña no parida, a la quimera de sus pechos rebosantes de leche.
Tengo una cicatriz que tiene forma de ojo
Tengo una cicatriz en la rodilla
En la que tú nunca has reparado.
Yo no soy más que esa cicatriz
Y esa cicatriz no es más que yo.
Por eso, cuando amo a alguien,
Suelo mostrársela:
"Mira, tiene forma de ojo."
Me hubiera gustado que alguna vez
Hubieras levantado mi pelo
Y hubieras besado mi nuca
Porque mi nuca son mis mieles
Y allí guardo todas las penas
Y todas las caricias con la vida.
Me sentaba ante ti y sútilmente
Te mostraba mi rodilla
O me colocaba el cabello hacia un lado
Intentando vanamente seducirte
Con mi cicatriz y mis penas.
Pero habitamos
Planetas
Desemejantes.
En la que tú nunca has reparado.
Yo no soy más que esa cicatriz
Y esa cicatriz no es más que yo.
Por eso, cuando amo a alguien,
Suelo mostrársela:
"Mira, tiene forma de ojo."
Me hubiera gustado que alguna vez
Hubieras levantado mi pelo
Y hubieras besado mi nuca
Porque mi nuca son mis mieles
Y allí guardo todas las penas
Y todas las caricias con la vida.
Me sentaba ante ti y sútilmente
Te mostraba mi rodilla
O me colocaba el cabello hacia un lado
Intentando vanamente seducirte
Con mi cicatriz y mis penas.
Pero habitamos
Planetas
Desemejantes.
UNA DAMISELA ES MUCHO MÁS QUE UNA DAMA
El drama sólo era drama y las palabras insuficientes. Había
dejado de escribir, en esa fase en la que los papeles que emborronas empiezan a
parecerte demasiado edulcorados y entiendes que tu hambre es hambre de sangre y
no de mariposas de nube de azúcar. Esa fase en la que no deseas explicar que
llueve y lloras, pero te encantaría contar que hay gente que te parece
pusilánime, que una mano colectiva te estrangula el cuello, que no te sientes
feliz bebiendo hasta vomitar y que los porros de las fiestas te ponen muy
triste. Que has descubierto lo que es el “extrañamiento” de las piezas de tu
engranaje.
Ella tenía nombre de diosa romana de la caza y la naturaleza,
y ya había alcanzado el cinismo. Sacó lo que había dentro de mí burlándose un
poco.
Ella me enseñó “Algún día aprenderás que tú no eres tan
importante”.
Yo le enseñé que no había nadie más importante que ella.
Poesía
21 de marzo 2014
Día Mundial de la Poesía
Ay, esas maneras que tienes,
Poesía,
de ser ácrata, insobornable,
maga,
libre,
reincidente.
Disculpa,
sentencia,
culpable.
De escuela academicista,
bastarda con tanta madre,
divina de métrica rígida
y sin normas acentúales.
Santa impoluta y sin mancha,
charco colmado de barros,
sinsentidos elocuentes,
discursos contestatarios.
La luz
La vida
La muerte
Lo insurgente
El amor
Los deseos
Lo manifiesto
y
lo latente.
DOS QUE
(Debiste haber sido de usar y tirar, pero no lo lograste, váyase usted a saber porqué)
Mi
nombre de dos sílabas,
nuestro
adiós de dos sílabas,
mi
pena de dos sílabas,
Ay,
qué habrá sido de
nuestras
dos sílabas, amor.
Era poesía despertarme confusa a tu lado
y recorrer descalza los pasillos de tu casa
y sentarme a esperar que tus ojos izaran
y a que el sol, entonces, amaneciese.
También debe ser poesía
y lo es, a su modo,
esta forma de desacostumbrarme a lo tuyo,
de desabrocharme de tus brazos,
de negarle a mis piernas tus caderas.
O este ocupar con cualquier nadería
todo este espacio
y sonreír cercada y negando
el frío que me tiene reclusa
pero extrañamente amainada.
y recorrer descalza los pasillos de tu casa
y sentarme a esperar que tus ojos izaran
y a que el sol, entonces, amaneciese.
También debe ser poesía
y lo es, a su modo,
esta forma de desacostumbrarme a lo tuyo,
de desabrocharme de tus brazos,
de negarle a mis piernas tus caderas.
O este ocupar con cualquier nadería
todo este espacio
y sonreír cercada y negando
el frío que me tiene reclusa
pero extrañamente amainada.
Eros porque eres
Mi líbido sólo tiene seis letras cuando ando enamorada
Y me hago primavera de los pies a los rizos
Y me confío al eros desde el amanecer a la noche.
Cuando me recorre una voz y me llena los poros.
El sol me quema entera cuando un nombre me alimenta
Y lo rumio al dormirme y lo nombro al nacerme,
Cuando unos ojos me brillan más que cualquier estrella,
Cuando miro una cara y veo a dios un instante.
La vida me recorre completa de sangre
Cuando cojo una mano y la siento caliente,
Cuando danzo en arpegios si camino la acera,
Cuando no entiendo más que morirme por verte.
Amargo verso
Hoy me desperté
con un poema agrio
instalado en el centro
de mi garganta.
Campaba a sus anchas
al abrir mis ojos,
se hizo fuerte
a media mañana.
Ni náuseas
ni lágrimas
ni un febril lápiz
han expulsado
este amargo verso
que me habitaba
en el centro mismo
de la garganta.
Duele y sollozo
por que muera en letras
pero en silente llanto
se me desagua.
con un poema agrio
instalado en el centro
de mi garganta.
Campaba a sus anchas
al abrir mis ojos,
se hizo fuerte
a media mañana.
Ni náuseas
ni lágrimas
ni un febril lápiz
han expulsado
este amargo verso
que me habitaba
en el centro mismo
de la garganta.
Duele y sollozo
por que muera en letras
pero en silente llanto
se me desagua.
Mientras no se comprenden las cosas, se sufre. Vivir es como leer un denso texto de filosofía lleno de florituras, de metáforas y de una jerga que nos es ajena. Es un viaje en busca de sentido; no entendemos la introducción si no es en el nudo, ni la trama si no es en el desenlace.
Sin embargo, a veces también la vida, como las palabras, da el giro apropiado y, sin apenas saberlo, nos da la luz como lo hacen los flexos que usamos en la oscuridad del cuarto.
Un par de palabras bien peinadas y acertadamente colocadas puede envolvernos de claridad. Así también, lloramos acontecimientos indeseables que, más tarde, reconoceremos necesarios y que acabarán resucitándonos, disolviendo el galimatías de un prólogo deforme.
Sin embargo, a veces también la vida, como las palabras, da el giro apropiado y, sin apenas saberlo, nos da la luz como lo hacen los flexos que usamos en la oscuridad del cuarto.
Un par de palabras bien peinadas y acertadamente colocadas puede envolvernos de claridad. Así también, lloramos acontecimientos indeseables que, más tarde, reconoceremos necesarios y que acabarán resucitándonos, disolviendo el galimatías de un prólogo deforme.
(De cuando Caperucita se comió al lobo)
Ese lobo que se creía tan sagaz, se relamía pensando en cómo iba a zamparse a esa niña. Esa niña que no sabía que el lobo era lobo, paseó a saltitos aquel bosque, cantaba y se detenía a recoger flores. El lobo pasaba las jornadas afilándose las uñas de sus zarpas y creía tener un esquema preclaro de los pasos de Caperucita. “Por aquí vendrá, ahí se detendrá. Si le hago la zancadilla, llorará y llamará a su mamá.”
Lo que no saben los lobos es cuánta audacia puede tener una niña, sobre todo porque los lobos despiden un delator tufillo a fiera que no se le escapa a la pituitaria de una niña que suele estar acostumbrada al olor de las chuches y de las flores.
Así durante varias jornadas se fueron encontrando por el bosque Caperucita y ese lobo que se creía tan fiero. El lobo se aclaraba la voz con miel que le robaba a zarpazos a las abejas y se lavó alguna que otra vez en el río para hablarle así a Caperucita: “Buenas tardes, niña bonita, ¿Dónde vas tan sola? ¿Qué llevas en esa cesta? ¿Por qué vas vestida de rojo? ¿No sabes lo peligrosos que son estos parajes para las niñas? Blablablá, bla, bla, bla”. A la niña, a veces, le divertía escuchar al lobo y no entendía por qué hablaba así un ser tan peludo; otras le aburría soberanamente el parlamento de ese tipo y le preguntaba por las coníferas y le pedía que le contara un cuento. El lobo se descolocaba, “que niña tan rara”, se decía. Pero le preguntó a las habitantes del bosque sobre coníferas e incluso se aprendió algún cuento.
En las tardes en las que el lobo le contaba un cuento, Caperucita se sentía algo así como dichosa en la compañía de esa fiera, aunque el olor que despedía nunca le permitió aproximarse del todo. Pero el lobo fue tan torpe que en sus historias le fue dando pistas a Caperucita: animales salvajes que se comen a las niñas, tretas, dobleces, la ingenuidad que no sabe de los seres que habitan las sombras...
Caperucita empezó a saber de realidades que ni sabían que existían y se puso alerta. Y como el lobo era un narciso se perdió en su oratoria y se olvidó de que su cometido era comerse a esa niña. Se escuchaba hablar, le gustaba ver a esa niña ojiplática perdida en su cháchara. Ay, ay, ay…
El lobo se miraba su ombligo y se hacía experto en coníferas y cuentos infantiles y Caperucita se estaba convirtiendo en una niña prematura y perspicaz.
Una tarde Caperucita le dijo al lobo: “Le voy a hablar claramente, señor Feroz, no me creo una sola palabra de lo que dice, ¿qué hace un lobo perdiendo su tiempo con una niña como yo?”
- ¿A qué viene esto, Caperucita?
- ¿A qué tanta advertencia para que no me coman, señor Feroz? Opino que como sabe lo qué es comerse a una niña, quiere hacerlo usted antes de que lo haga otro.
- Válgame el cielo, querida niña. Yo, yo…
Y abriendo mucho las fauces, Caperucita se lo embuchó
El poeta
No es más que un pobre hombre resignado,
con ojeras encarnadas,
por llevar en las pestañas amaneceres,
flores, quereres, penas,
miradas.
Tiene en la punta de los dedos, las tildes
de lo que proclama
y son sus versos marineros,
a veces náufragos
y a veces playa.
Se enamoran para media vida,
para la otra media, aman.
Saben perder y lo cantan
cuando se alza la mañana.
Ellos tienen siempre llenas de macetas
las ventanas.
¿Cómo poder distinguirlo
en el gentío, en la plaza?
Entre los abrigos grises
que en la fuente descansan,
el poeta será aquel que con el agua se habla.
con ojeras encarnadas,
por llevar en las pestañas amaneceres,
flores, quereres, penas,
miradas.
Tiene en la punta de los dedos, las tildes
de lo que proclama
y son sus versos marineros,
a veces náufragos
y a veces playa.
Se enamoran para media vida,
para la otra media, aman.
Saben perder y lo cantan
cuando se alza la mañana.
Ellos tienen siempre llenas de macetas
las ventanas.
¿Cómo poder distinguirlo
en el gentío, en la plaza?
Entre los abrigos grises
que en la fuente descansan,
el poeta será aquel que con el agua se habla.
A veces te veo haciendo "cucús-trastrás" al otro lado de la pantalla del ordenador. Tan pequeño como yo te recogía en mis brazos, y me parece que me miras pidiéndome que te aúpe.
Enfurruñado. Y tan bello.
Sonrío sin caber apenas en el pecho.
Cuando lanzo los brazos hacia ti, pequeña figurita, comprendo que sólo eres un espejismo que esta mañana ha venido a visitarme; entonces recuerdo que hace unos meses emigraste lejos, buscando tierras más cálidas.
Enfurruñado. Y tan bello.
Sonrío sin caber apenas en el pecho.
Cuando lanzo los brazos hacia ti, pequeña figurita, comprendo que sólo eres un espejismo que esta mañana ha venido a visitarme; entonces recuerdo que hace unos meses emigraste lejos, buscando tierras más cálidas.
Ego te absolvo
Te absuelvo.
Porque estoy acompañada,
porque estoy
curándome.
Porque sublimo este
vacío
a los folios en
blanco
y los colmo de palabras como terapia,
como besos, como
oxígeno.
Porque subo despacio del sótano
y, a mi paso,
escucho sonidos
aunque el silencio
me haya traspasado.
Porque estoy viendo
arriba
ese portal,
verde como el campo,
porque intuyo un
farolito
a lo lejos.
Porque haré girar los goznes
de ese portón
y la luz iluminará mi
pelo
y saldré a la calle
aunque creo que sigue
siendo invierno.
Porque habrá paseo,
porque en el camino
me emocionaré
con tantas cosas,
sonreiré
inevitablemente,
me maravillaré con
todo aquello.
Llegará una primavera un día
que me encuentre
despistada,
y el sol será mucho
más sol,
y la vida más vida,
porque estaré amando
antes de que pueda
siquiera evitarlo.
Huérfanos de vida
Pena de los amores de pastiche,
esos que se embarcan
en la desidia
de un ahora
porque antes,
porque no sea que luego.
Lástima del parloteo y la sonrisa
que enmascara otras formas,
otros cuerpos,
otros ayeres,
esos te quiero.
Miedo de los caminares
que siguen la línea,
las dos líneas
sin la verdad esa,
en paralelo.
Dramas del rato
en que sin el otro
sin piel,
sin camisa
acarician
otra cintura,
ese otro pelo.
Compendium
Palabras laboriosas, que trajináis agitándolo todo, con el verbo entregado y diligente, hágase vuestra luz.
Decid mi historia del único modo que existe, a través de mi lengua, del saber y del poder que acumulo en mis bolsillos.
Yo os nombro,
os designo,
os denomino,
os señalo.
Yo os llamo a esta misa,
a mi misa.
La historia sea con v(n)osotras:
Al principio era el verbo
y el verbo era yo
y el verbo estaba conmigo.
Este era en el principio conmigo.
En mí estaba la vida,
y la vida
era la luz de esos hombres.
La luz siempre en las tinieblas resplandece;
Más, sus tinieblas,
no lo comprendieron.
Y esos hombres sofocaron el fuego
en el cual yo danzaba.
Provocaron tormentas
y asustaron a todos los animales.
Sequé a golpe de furia
cada charco,
y salí a buscar, con paciencia,
a todas las manadas.
Pero hay quienes no hallan
qué es la luz
porque las negrura
les amparan confundidos.
Así, los confusos,
talaron los árboles
y llenaron de basura
la orilla de mi río.
Quise comprender sus penas
y di a luz
más bosques.
Y sembré los márgenes del arroyo
de flores silvestres.
Pero la espesura
no es
en el derramamiento.
Jamás podrá serlo.
Ni mi selva habla lenguas muertas
ni alcanzo un verano frío.
Ahora
en el final es el verbo
y el verbo
ha decidido
habitar conmigo.
Decid mi historia del único modo que existe, a través de mi lengua, del saber y del poder que acumulo en mis bolsillos.
Yo os nombro,
os designo,
os denomino,
os señalo.
Yo os llamo a esta misa,
a mi misa.
La historia sea con v(n)osotras:
Al principio era el verbo
y el verbo era yo
y el verbo estaba conmigo.
Este era en el principio conmigo.
En mí estaba la vida,
y la vida
era la luz de esos hombres.
La luz siempre en las tinieblas resplandece;
Más, sus tinieblas,
no lo comprendieron.
Y esos hombres sofocaron el fuego
en el cual yo danzaba.
Provocaron tormentas
y asustaron a todos los animales.
Sequé a golpe de furia
cada charco,
y salí a buscar, con paciencia,
a todas las manadas.
Pero hay quienes no hallan
qué es la luz
porque las negrura
les amparan confundidos.
Así, los confusos,
talaron los árboles
y llenaron de basura
la orilla de mi río.
Quise comprender sus penas
y di a luz
más bosques.
Y sembré los márgenes del arroyo
de flores silvestres.
Pero la espesura
no es
en el derramamiento.
Jamás podrá serlo.
Ni mi selva habla lenguas muertas
ni alcanzo un verano frío.
Ahora
en el final es el verbo
y el verbo
ha decidido
habitar conmigo.
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