No es más que un pobre hombre resignado,
con ojeras encarnadas,
por llevar en las pestañas amaneceres,
flores, quereres, penas,
miradas.
Tiene en la punta de los dedos, las tildes
de lo que proclama
y son sus versos marineros,
a veces náufragos
y a veces playa.
Se enamoran para media vida,
para la otra media, aman.
Saben perder y lo cantan
cuando se alza la mañana.
Ellos tienen siempre llenas de macetas
las ventanas.
¿Cómo poder distinguirlo
en el gentío, en la plaza?
Entre los abrigos grises
que en la fuente descansan,
el poeta será aquel que con el agua se habla.
A veces te veo haciendo "cucús-trastrás" al otro lado de la pantalla del ordenador. Tan pequeño como yo te recogía en mis brazos, y me parece que me miras pidiéndome que te aúpe.
Enfurruñado. Y tan bello.
Sonrío sin caber apenas en el pecho.
Cuando lanzo los brazos hacia ti, pequeña figurita, comprendo que sólo eres un espejismo que esta mañana ha venido a visitarme; entonces recuerdo que hace unos meses emigraste lejos, buscando tierras más cálidas.
Enfurruñado. Y tan bello.
Sonrío sin caber apenas en el pecho.
Cuando lanzo los brazos hacia ti, pequeña figurita, comprendo que sólo eres un espejismo que esta mañana ha venido a visitarme; entonces recuerdo que hace unos meses emigraste lejos, buscando tierras más cálidas.
Ego te absolvo
Te absuelvo.
Porque estoy acompañada,
porque estoy
curándome.
Porque sublimo este
vacío
a los folios en
blanco
y los colmo de palabras como terapia,
como besos, como
oxígeno.
Porque subo despacio del sótano
y, a mi paso,
escucho sonidos
aunque el silencio
me haya traspasado.
Porque estoy viendo
arriba
ese portal,
verde como el campo,
porque intuyo un
farolito
a lo lejos.
Porque haré girar los goznes
de ese portón
y la luz iluminará mi
pelo
y saldré a la calle
aunque creo que sigue
siendo invierno.
Porque habrá paseo,
porque en el camino
me emocionaré
con tantas cosas,
sonreiré
inevitablemente,
me maravillaré con
todo aquello.
Llegará una primavera un día
que me encuentre
despistada,
y el sol será mucho
más sol,
y la vida más vida,
porque estaré amando
antes de que pueda
siquiera evitarlo.
Huérfanos de vida
Pena de los amores de pastiche,
esos que se embarcan
en la desidia
de un ahora
porque antes,
porque no sea que luego.
Lástima del parloteo y la sonrisa
que enmascara otras formas,
otros cuerpos,
otros ayeres,
esos te quiero.
Miedo de los caminares
que siguen la línea,
las dos líneas
sin la verdad esa,
en paralelo.
Dramas del rato
en que sin el otro
sin piel,
sin camisa
acarician
otra cintura,
ese otro pelo.
Compendium
Palabras laboriosas, que trajináis agitándolo todo, con el verbo entregado y diligente, hágase vuestra luz.
Decid mi historia del único modo que existe, a través de mi lengua, del saber y del poder que acumulo en mis bolsillos.
Yo os nombro,
os designo,
os denomino,
os señalo.
Yo os llamo a esta misa,
a mi misa.
La historia sea con v(n)osotras:
Al principio era el verbo
y el verbo era yo
y el verbo estaba conmigo.
Este era en el principio conmigo.
En mí estaba la vida,
y la vida
era la luz de esos hombres.
La luz siempre en las tinieblas resplandece;
Más, sus tinieblas,
no lo comprendieron.
Y esos hombres sofocaron el fuego
en el cual yo danzaba.
Provocaron tormentas
y asustaron a todos los animales.
Sequé a golpe de furia
cada charco,
y salí a buscar, con paciencia,
a todas las manadas.
Pero hay quienes no hallan
qué es la luz
porque las negrura
les amparan confundidos.
Así, los confusos,
talaron los árboles
y llenaron de basura
la orilla de mi río.
Quise comprender sus penas
y di a luz
más bosques.
Y sembré los márgenes del arroyo
de flores silvestres.
Pero la espesura
no es
en el derramamiento.
Jamás podrá serlo.
Ni mi selva habla lenguas muertas
ni alcanzo un verano frío.
Ahora
en el final es el verbo
y el verbo
ha decidido
habitar conmigo.
Decid mi historia del único modo que existe, a través de mi lengua, del saber y del poder que acumulo en mis bolsillos.
Yo os nombro,
os designo,
os denomino,
os señalo.
Yo os llamo a esta misa,
a mi misa.
La historia sea con v(n)osotras:
Al principio era el verbo
y el verbo era yo
y el verbo estaba conmigo.
Este era en el principio conmigo.
En mí estaba la vida,
y la vida
era la luz de esos hombres.
La luz siempre en las tinieblas resplandece;
Más, sus tinieblas,
no lo comprendieron.
Y esos hombres sofocaron el fuego
en el cual yo danzaba.
Provocaron tormentas
y asustaron a todos los animales.
Sequé a golpe de furia
cada charco,
y salí a buscar, con paciencia,
a todas las manadas.
Pero hay quienes no hallan
qué es la luz
porque las negrura
les amparan confundidos.
Así, los confusos,
talaron los árboles
y llenaron de basura
la orilla de mi río.
Quise comprender sus penas
y di a luz
más bosques.
Y sembré los márgenes del arroyo
de flores silvestres.
Pero la espesura
no es
en el derramamiento.
Jamás podrá serlo.
Ni mi selva habla lenguas muertas
ni alcanzo un verano frío.
Ahora
en el final es el verbo
y el verbo
ha decidido
habitar conmigo.
Rotación de belleza
"[…] Schopenhauer, que decía que la música es voluntad pura"
Me declaro música.
"Dos veces muere el que, a voluntad de otro, muere"
Esta jodida música que no para de abrirme, felizmente, las ventanas del pecho.
Me aterra esta incomprensible capacidad de resucitarme.
Siempre,
cada vez,
invariablemente.
Un milenario instante apenas
con la frente agachada:
caminar bajo la lluvia,
torcer el gesto,
maldecirlo todo.
Ser ciega,
gris,
inclemente,
impía
impía
impía.
Airada.
Puro colmillo.
Y todas las mañanas
de cualquier enero,
sin contar con ello,
y sin
voluntad;
pese a ti,
pese al mundo,
amaneces renacida
y tienes el cuerpo
lleno de mariposas
y los rizos
llenos de flores.
Y música al caminar.
Y melodías en tu cuaderno.
Oh, el sol.
Sonreír,
bendecirlo todo,
lúcida,
flexible,
librepensadora,
mansa.
Impía,
impía
impía.
Puro corazón.
(¡Vida, vida, vida, te quiero!)
Me declaro música.
"Dos veces muere el que, a voluntad de otro, muere"
Esta jodida música que no para de abrirme, felizmente, las ventanas del pecho.
Me aterra esta incomprensible capacidad de resucitarme.
Siempre,
cada vez,
invariablemente.
Un milenario instante apenas
con la frente agachada:
caminar bajo la lluvia,
torcer el gesto,
maldecirlo todo.
Ser ciega,
gris,
inclemente,
impía
impía
impía.
Airada.
Puro colmillo.
Y todas las mañanas
de cualquier enero,
sin contar con ello,
y sin
voluntad;
pese a ti,
pese al mundo,
amaneces renacida
y tienes el cuerpo
lleno de mariposas
y los rizos
llenos de flores.
Y música al caminar.
Y melodías en tu cuaderno.
Oh, el sol.
Sonreír,
bendecirlo todo,
lúcida,
flexible,
librepensadora,
mansa.
Impía,
impía
impía.
Puro corazón.
(¡Vida, vida, vida, te quiero!)
Vértigo II
Era
nada más
que
la luz por ti.
Pero
¿Y
la memoria
que
c
a
í
a
Caótica
Impúdica
Dispersándose
y convirtiéndose en harina de otro costal?
nada más
que
la luz por ti.
Pero
¿Y
la memoria
que
c
a
í
a
Caótica
Impúdica
Dispersándose
y convirtiéndose en harina de otro costal?
Responsabilidad
Proviene del latín responsum, que es una forma de ser considerado sujeto de una deuda u obligación.
Imperativo categórico kantiano:
"Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra."
Imperativo categórico kantiano:
"Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra."
Enfermedad
Qué terrible es el olvido cuando llega así, explotando, como una arcada. ¿Es eso posible? ¿No es el olvido una enfermedad que comienza una fría madrugada de invierno, se gesta con dolor y toma la definitiva forma de un cuaderno de bitácora, rancio y amarillo?
Estoy conformada de recuerdos. Ellos son mi historia y los ropajes que me visten y, sin embargo, algunos se me alienan deformándome el rostro en el espejo, y yo intento sacudirme de ellos como un pájaro mojado se esponja y se libera.
La flor se deshoja y aquí espero.
Pero algún día los verdes jueves, no serán más que jueves y despertaré hueca y asombrada.
Los recuerdos son lo único que tenemos -dicen- pero yo, si los paseo, me siento tan perdida.
Debe ser tu olvido el que se los ha merendado.
Estoy conformada de recuerdos. Ellos son mi historia y los ropajes que me visten y, sin embargo, algunos se me alienan deformándome el rostro en el espejo, y yo intento sacudirme de ellos como un pájaro mojado se esponja y se libera.
La flor se deshoja y aquí espero.
Pero algún día los verdes jueves, no serán más que jueves y despertaré hueca y asombrada.
Los recuerdos son lo único que tenemos -dicen- pero yo, si los paseo, me siento tan perdida.
Debe ser tu olvido el que se los ha merendado.
Aclaraciones para la posteridad
Para mí no pido una misa. Para qué sirven. Las ceremonias mientras la savia nos recorría, la flores recién cortadas para que tú las pusieras en mi pelo. Los poemas para despertarme; las lágrimas para bebérmelas yo, de tu cáliz besado.
Los recuerdos a veces huelen a tanatorio.
No pidamos padrenuestros para aquellos a los que no les tuvimos fe mientras eran un hermoso personaje de nuestra historia.
Los adiós prescindibles, esa peste que arrastra cadáveres fríos y azules en tantos inventarios.
Yo era la niña
Comiendo de tu plato
Atando tus cordones
Bailando contigo
Llorando sin ti
Escuchando tanto delirio
Regresando de algún lugar en el que me dejaste...
Yo soy el muerto
Y no quiero misas
Ni flores
Ni Salves.
Los recuerdos a veces huelen a tanatorio.
No pidamos padrenuestros para aquellos a los que no les tuvimos fe mientras eran un hermoso personaje de nuestra historia.
Los adiós prescindibles, esa peste que arrastra cadáveres fríos y azules en tantos inventarios.
Yo era la niña
Comiendo de tu plato
Atando tus cordones
Bailando contigo
Llorando sin ti
Escuchando tanto delirio
Regresando de algún lugar en el que me dejaste...
Yo soy el muerto
Y no quiero misas
Ni flores
Ni Salves.
El justo medio
Va a llegar cuando lo admitas, cuando comprendas que uno no puede dispersarse cuando apenas ha nacido la mañana de ese día y tengo aún el pelo revuelto, los labios calientes y los ojos incendiarios y volados.
(Sentarse a escribir, esa agonía de dar nombre a aquello con lo que no nos conformamos y cercar las pulsiones y hacer un mapa con la obscena mueca de lo que nos rodea.
Sentarse a escribir, esa terapia para intentar comprender esa maraña con el vehículo de la lucidez y el de la saliva. Por eso, cargada de rabia y pidiendo explicaciones, me siento en el suelo e introduzco mis manos en la arena que me entierra los pies y escarbo buscando las palabras, esos seres escondidos y mal colocados, conformando el caos. Así, una a una, las dispongo en fila y las quito el polvo, agitándolas para sacudirlas la pose. La verdad está ahí y no vale dudarla, no sirve llamarla por otro nombre y hacerla esperar en la antesala del antojo).
¿Cómo andas aún entero? No se puede salir con la escopeta a recibir al amor sólo porque regresa, ni enviarle a la tenebrosidad del bosque porque a otro hayas nombrado sucesor.
(El vértigo fue primero. Tristeza, después. Hieratismo, luego. El vértigo del abismo, ocupando ahora toda la población de antes, aún humean sus calles y los gritos que dan paso a quedados sollozos, abatidas quejas. La misa, más tarde. La muerte, finalmente.
Pero el lápiz siempre es luminescente, en el lápiz no se albergan las mentiras si no son para garabatear cuentos y "Érase una vez..." se va conformando la historia. El sol sale, la escena del fondo se agranda y allá estás tú y allí yo, mira. Se focaliza la aventura y se cubre de poemas, notas, grafías, relatos. El libro se cierra)
El calendario se ha hecho cenizas y en el vientre tengo un agujero del tamaño de mi ira.
No queda tiempo. Me traspasas.
(Sentarse a escribir, esa agonía de dar nombre a aquello con lo que no nos conformamos y cercar las pulsiones y hacer un mapa con la obscena mueca de lo que nos rodea.
Sentarse a escribir, esa terapia para intentar comprender esa maraña con el vehículo de la lucidez y el de la saliva. Por eso, cargada de rabia y pidiendo explicaciones, me siento en el suelo e introduzco mis manos en la arena que me entierra los pies y escarbo buscando las palabras, esos seres escondidos y mal colocados, conformando el caos. Así, una a una, las dispongo en fila y las quito el polvo, agitándolas para sacudirlas la pose. La verdad está ahí y no vale dudarla, no sirve llamarla por otro nombre y hacerla esperar en la antesala del antojo).
¿Cómo andas aún entero? No se puede salir con la escopeta a recibir al amor sólo porque regresa, ni enviarle a la tenebrosidad del bosque porque a otro hayas nombrado sucesor.
(El vértigo fue primero. Tristeza, después. Hieratismo, luego. El vértigo del abismo, ocupando ahora toda la población de antes, aún humean sus calles y los gritos que dan paso a quedados sollozos, abatidas quejas. La misa, más tarde. La muerte, finalmente.
Pero el lápiz siempre es luminescente, en el lápiz no se albergan las mentiras si no son para garabatear cuentos y "Érase una vez..." se va conformando la historia. El sol sale, la escena del fondo se agranda y allá estás tú y allí yo, mira. Se focaliza la aventura y se cubre de poemas, notas, grafías, relatos. El libro se cierra)
El calendario se ha hecho cenizas y en el vientre tengo un agujero del tamaño de mi ira.
No queda tiempo. Me traspasas.
Ochún
Tú que eres veleidosa,
que tienes siete vuelos y la prisa
de beberte cada rincón encendido
y una cabeza brillante.
Golosa de bollo y mieles,
aladid de mil ejércitos,
madre de las madres de mi madre,
hija de los verbos entendidos.
A ti, luz, amiga bella,
hermana que empujas mis empeños
e interpretas mi lengua como nadie
y me besas mejor que ellos.
A ti, alegría, la música
y todos
los secretos que yo guardo
en esta caja.
A ti, compañera, mi camino.
A ti,
MUJER,
esta danza.
que tienes siete vuelos y la prisa
de beberte cada rincón encendido
y una cabeza brillante.
Golosa de bollo y mieles,
aladid de mil ejércitos,
madre de las madres de mi madre,
hija de los verbos entendidos.
A ti, luz, amiga bella,
hermana que empujas mis empeños
e interpretas mi lengua como nadie
y me besas mejor que ellos.
A ti, alegría, la música
y todos
los secretos que yo guardo
en esta caja.
A ti, compañera, mi camino.
A ti,
MUJER,
esta danza.
Ashé
Como acostumbra a decir mi madre: se te hizo tarde.
Los sábados son el centro justo. Tantas cosas que decidí un sábado. Suelen tener una luz especial y, en la mañana, más sobriedad que el viernes y, siempre, esos mapas llenos de accidentes para luego.
Este sábado mis piernas me traen de un huerto bendecido con el don de la belleza
Y sin embargo
Ese huerto lleno de plantas, nuevos olores y surcos llenos de palabras, no consiguieron embriagarme de sueños.
Escapé.
Soy la hortelana del viento.
Y más de mi pobre col plantada en el medio. Más de luz y de agua que de promesas de rizadas hojas.
Soy más de lo salvaje que de lo bien dispuesto.
Ay de aquél, que está de espaldas.
Gira
Siembra
Brota
Muere.
Ay, llegas tarde, jardinero.
Los sábados son el centro justo. Tantas cosas que decidí un sábado. Suelen tener una luz especial y, en la mañana, más sobriedad que el viernes y, siempre, esos mapas llenos de accidentes para luego.
Este sábado mis piernas me traen de un huerto bendecido con el don de la belleza
Y sin embargo
Ese huerto lleno de plantas, nuevos olores y surcos llenos de palabras, no consiguieron embriagarme de sueños.
Escapé.
Soy la hortelana del viento.
Y más de mi pobre col plantada en el medio. Más de luz y de agua que de promesas de rizadas hojas.
Soy más de lo salvaje que de lo bien dispuesto.
Ay de aquél, que está de espaldas.
Gira
Siembra
Brota
Muere.
Ay, llegas tarde, jardinero.
"La historia son las mentiras que cuentan los vencedores y las mentiras que se cuentan los vencidos"
Hay ausencias que llenan más que
el pan nuestro de cada día.
Necesidades más necesarias
por ser
que de ser cubiertas.
Personas que te dejan y te llevan
a todas partes.
Vacíos que te colman
de belleza.
el pan nuestro de cada día.
Necesidades más necesarias
por ser
que de ser cubiertas.
Personas que te dejan y te llevan
a todas partes.
Vacíos que te colman
de belleza.
Homero ciego/ sol negro
Yo quería hacer tuyo mi arte para andar descalza y enseñarte a dormir la siesta entre las flores.
Te había hecho de paja y de barro y te levantaba la frente para que pudieras ver el sol.
Yo te había enseñado a beber de la luna llena cada veintiocho días y te había contado al oído que yo era hija de mi abuela y que sabía coser harapos hasta convertirlos en seda.
Pero hoy es lunes y nada sirve.
Ni mi desnudez ni este caminar sencillo, ni tu laberinto enredándome el ombligo ni aquel nudo que hiciste en mi garganta ni esta ceguera mía por esos ojos ajenos que tú tienes.
Hoy es lunes y estás muerto, y yo te velo ausente y resignada.
No soy más nombre en tu nombre ni vela apunto de alumbrar los signos de las piedras para conocer los misterios de esta gruta.
Ya no hay pan.
Temo que no hay credos.
No, cierto, no los hubo.
Moría de hambre. Ahora lo recuerdo.
Te había hecho de paja y de barro y te levantaba la frente para que pudieras ver el sol.
Yo te había enseñado a beber de la luna llena cada veintiocho días y te había contado al oído que yo era hija de mi abuela y que sabía coser harapos hasta convertirlos en seda.
Pero hoy es lunes y nada sirve.
Ni mi desnudez ni este caminar sencillo, ni tu laberinto enredándome el ombligo ni aquel nudo que hiciste en mi garganta ni esta ceguera mía por esos ojos ajenos que tú tienes.
Hoy es lunes y estás muerto, y yo te velo ausente y resignada.
No soy más nombre en tu nombre ni vela apunto de alumbrar los signos de las piedras para conocer los misterios de esta gruta.
Ya no hay pan.
Temo que no hay credos.
No, cierto, no los hubo.
Moría de hambre. Ahora lo recuerdo.
Paredes blandas
Inquirirle al folio como si fuera un oráculo desnudo que espera a que le pase mis dedos por el lomo para hacerle sentimental y locuaz para conmigo, ansiar el relato que, luego, llega vacío, narrarlo con ausencias e irresoluciones. Bañar su inmaculada piel de ansiedades y hacer antesala ante sus gritos, trémulos y sin concesiones. Capitanear frases que vienen a morirse al final de la hoja, a ser composición incompleta, cuadro abocetado, tesoro soterrado entre ungüento de hojas secas.
Consentir que los pensamientos se desmigajen en fábulas mutiladas, en cuentos inconclusos, en evocación masticada demasiadas veces.
Al final la verdad tampoco importa. La verdad es lo que sé. Y lo que sé es bien poco.
Agitar la cáscara de nuez, hueca, huera, vacía de fruto; sin opción a la semilla. En verdad la simiente puede ser la raíz o, tan sólo, el fuego fatuo de lo que se ha muerto mil veces para mudarse en otra cosa, para desaguar se en mis dedos.
Colocarse ante la plana y hacer las cuentas, deberse al quehacer, a la tarea y renunciar, con consciencia a lo esencial. Dejar que enmudezca la falta.
Ir al encuentro del día en que ha de amanecer la respuesta pendida de tus labios, temblorosa y encantada de encontrarse conmigo.
Liberar al folio. No llenar de muerte la hoja. Rescatar la plana y hacer, por fin, lo apropiado.
Consentir que los pensamientos se desmigajen en fábulas mutiladas, en cuentos inconclusos, en evocación masticada demasiadas veces.
Al final la verdad tampoco importa. La verdad es lo que sé. Y lo que sé es bien poco.
Agitar la cáscara de nuez, hueca, huera, vacía de fruto; sin opción a la semilla. En verdad la simiente puede ser la raíz o, tan sólo, el fuego fatuo de lo que se ha muerto mil veces para mudarse en otra cosa, para desaguar se en mis dedos.
Colocarse ante la plana y hacer las cuentas, deberse al quehacer, a la tarea y renunciar, con consciencia a lo esencial. Dejar que enmudezca la falta.
Ir al encuentro del día en que ha de amanecer la respuesta pendida de tus labios, temblorosa y encantada de encontrarse conmigo.
Liberar al folio. No llenar de muerte la hoja. Rescatar la plana y hacer, por fin, lo apropiado.
Vértigo I
Creo
que me debí dejar la cabeza dentro de algún sombrero. De pequeña me enseñaron
el arte de la levitación sobre el suelo. También me enseñaron a odiar.
Pero, sobre todo, me enseñaron a jugar a la luz de la tarde con las sombras de
la pared y un quinqué. Qué serán ahora las sombras, qué será el quinqué.
Una grita desde el vientre y exige ¡Nace! Y lo que llegan
son confetis que dejan las calles perdidas y que no son papel ni son fiesta. Con mi quinqué me dedico a quemar
yo ahora los confetis; qué otra cosa
podría hacer si una grita desde el vientre y suplica ¡Hazte piel! Y se asoma lo
pálido, lo sin pulso. La muerte.
Mi abuela lo tenía claro y yo no quise escuchar cuál era el
truco para hacer la sopa en el justo medio. Me dedicaba a recortar con la
cabeza inclinada. No la escuchaba. Y hoy grité desde el vientre y dije ¡Sopa! Y
se encendió el quinqué.
Soberanas
Venid a mi, palabras extremadas,
doblegadme en cicatriz,
desampárandome muda en mi biosfera,
alargando la mano para asiros,
escurridizos entes eficaces.
Colocadme de rodillas a intervalos,
seseando con afecto,
persuadiendo,
desplegando vuestro arte mentiroso.
No tintineéis,
os ruego.
No seáis
ni os desnudéis
más que en urgencia
de verdad
y aún con decoro.
doblegadme en cicatriz,
desampárandome muda en mi biosfera,
alargando la mano para asiros,
escurridizos entes eficaces.
Colocadme de rodillas a intervalos,
seseando con afecto,
persuadiendo,
desplegando vuestro arte mentiroso.
No tintineéis,
os ruego.
No seáis
ni os desnudéis
más que en urgencia
de verdad
y aún con decoro.
SÓLO LUEGO
Sólo escribir si caen los pétalos,
nada más que cuando el reloj se para,
en las ausencias,
en los intervalos,
cuando el todo es la nada.
Sólo embeberse en este negocio,
cuando el ruido pasa,
contar cuando ya nada que decir,
nada que escribir.
Escribir cuando el narrador se calla.
Sólo sentirse escritor después del desfile,
coger el lápiz para barrer las calles,
usar las letras de camión escoba,
sentir el ardor si la niebla habla.
Sólo después.
Sólo a solas.
Sólo sin piel.
Sólo sin alas.
nada más que cuando el reloj se para,
en las ausencias,
en los intervalos,
cuando el todo es la nada.
Sólo embeberse en este negocio,
cuando el ruido pasa,
contar cuando ya nada que decir,
nada que escribir.
Escribir cuando el narrador se calla.
Sólo sentirse escritor después del desfile,
coger el lápiz para barrer las calles,
usar las letras de camión escoba,
sentir el ardor si la niebla habla.
Sólo después.
Sólo a solas.
Sólo sin piel.
Sólo sin alas.
La gente se enferma. Coge lo más brillante que vio en su
vida y, danzando en su órbita, se enferma.
Yo también me enfermo con mi enfermedad, no te creas. De la
alacena de todos los posibles me sirvo siempre el plato más frío y, limpiándome
las lágrimas, repito de ese puré obsceno.
Otra cucharada de aquello que me revienta el vientre y,
quejándome aún, hundo de nuevo el cubierto en ese engrudo. Y vuelta a empezar.
No sé, de verdad, cuál es la tara de mi inteligencia, pero
la tengo.
Allí en frente, todas las frutas. Colores, olores, frescura,
vitaminas.
Yo de espaldas a
todos los bodegones.
Yo y mi papilla.
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