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¿Qué es un laberinto?

      En el filo del vaso danzan mis sueños

      Me miran mirarlos y se ponen orgullosos

      Y galopan como galopan los días

      Se ande o no preparado para ello.

      Ajena al motín que escucho en el afuera

      Bajo los párpados.

      Creo.

      No es tal el laberinto visto desde arriba

      Ni tristeza la pena desde este consuelo.

     


(" Qué arma tan afilada la de tu boca, qué abismo sin enmienda, qué tóxico inapelable, cuánta pérdida alineada en filo de tus dientes. Desviada para la trampa como una escopeta de feria. Tapizada de mugre, hambrienta de holocausto y tristemente alimentada de sangre.")

...

No habrán luegos.

Hubo un día en el que yo me hice codo con codo con mis dudas y las di paso. Dejé que se solidificaran en preguntas y pesaran en mis bolsillos. Quise que fueran ellas las que pusieran en aprietos al confesor y las que libaran mi angustia y, ahora, en las noches en las que vuelve a investirme el ataque de pánico de las 1:40 horas, yo, colocada al borde de la cama, levanto mi cabeza y te rezo: a ti, perplejidad; a ti, irresolución; a ti dilema. A ti, soberana y maestra incertidumbre.

Debajo de los párpados está todo lo que tú eres. Yo lo sé. Y yo los levanto para robarte toda esa luz que has visto al borde del mar; para arrebatarte todas esas historias que te han contado los libros que tú lees y en los que yo no creo; para saquearte todas tus travesuras. Y a la vez, por esas rendijas que mantienes abiertas para que respiren tus pestañas, voy introduciendo mis dudas: el por qué del martes, ese nosequé al que no supe nombrar el jueves y el derrumbamiento del sábado. Y tal vez, mañana al ponerte en pie, quieras sin más explicármelo y menear tus manitas mientras comes la fruta que está muriéndose ya esta misma tarde.

Entre mis brazos acuno yo esta senda. Ella simplemente estaba ya al otro lado de la ventana cuando a mí me dio por asomarme. Yo la mezo, como si pudiera consolarla. Ella es mi fin y lo sabe. Pero se hace la tímida y no dice nada. Mientras tanto, yo arrullo todos sus vericuetos.
 
 
 

¿Y qué?


Me falta

 la voz dentro de esta garganta

cada forma de apuntar

las pretendidas

ceremonias  que aprieto.

Y una mano diestra y un paso firme

Entiéndase

 (me falta)

Entiéndase

(no tengo)

la palabra justa.

 

Tengo todas

 las verdades que afeito.

Todas esas

en las que, ingenua, creo.

y

me sobran

 esas palabras que expiran

antes de dar a entender

lo que quiero.

Fue





Era yo

    Y yo  nacía

     Y mamaba del pecho,

     Comía de todos los maizales,

        Escuchaba cuentos de todas esa bocas.

                   Me vestía de las pieles más vistosas

                                               Y

                                                     Te conocí en ese verbo, el que vomito

                                         Y me desnudé.  Al principio, lo justo.

                                   Luego desaprendí  lo que supe antes. 

                               Y me moría de hambre.

                           No hallaba la teta.

                    Y yo moría.

No estaba.

                       
                              

Bártulos


 
 
Envidio tus piernas que te permiten

 refugiarte en el parque.

Envidio tu fe que te permite lanzarte al vacío

 y descolgarte del minúsculo mapa.

Envidio tus quejas,

tu afonía después

del revuelo,

de mi llanto,

de mi apocalipsis.

Y envidio todo ese laberinto

que conoces al dedillo,

que lames sin descanso,

que  muestra en mis pesadillas

esos dos pisos,

esa buhardilla tuya,

este sótano mío.